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lunes, 8 de abril de 2013

La maratón (Primera Parte)



A finales de Octubre se inició una exigente maratón que está llegando a su fin. Durante el transcurso de esta carrera muchos han visto como sus esfuerzos no eran suficientes, los motivos pueden ser muchos, pero es más fácil decir que no estaban preparados, este año no.

En el Este ya no se permiten más participantes para los Playoffs, el cupo ya está lleno y aunque sus ocho elegidos no son tan fuertes ni están tan preparados como sus iguales en el Oeste, hay un equipo que se sale de la norma, ese equipo es Miami y cuenta con el mejor atleta de la competición.
El mayor depredador de la liga ha sembrado el temor a ambos lados de la nación, su triunfal racha de 27 victorias consecutivas representa la segunda mejor en la historia de la NBA. Miami ha ganado muchos partidos, pero podría haber ganado muchos más; en Playoffs es de esperar que despedace a sus rivales.


Los candidatos a, por lo menos, ralentizar la ascensión de Miami a la cumbre podrían ser New York e Indiana. Los primeros están atravesando un excepcional momento de forma, su número de victorias consecutivas les avala y sus opciones de desbancar al gran favorito aumentan tras esta esperanzadora racha de victorias. Su mayor talento, Carmelo Anthony, se encuentra en un momento de forma superlativo pues lleva una docena de partidos sin bajar de los 20 puntos, provocando victorias sobre colosos como Memphis o OKC.

El segundo candidato con más opciones podría ser Indiana, aunque quizá debería escribir esto en letra pequeña, pues las posibilidades de que se produjese una sorpresa de tal magnitud son pocas a pesar del crecimiento del equipo y al nacimiento de una nueva estrella en el seno de la NBA. A Paul George se lo comparó con Kobe, otro de tantos, pero en su caso por lo menos ha demostrado que puede ser un referente en la mejor liga del mundo.

Indiana ha crecido y es capaz de crear problemas a cualquiera, su pareja interior es probablemente la mejor del Este. El mayor freno al que se enfrentan los Pacers es la baja por lo que resta de temporada del otrora jugador estelar Danny Granger, pero es algo que no les viene de nuevo y el equipo ha demostrado que sabe ganar sin él; está por ver si en Playoffs ocurrirá lo mismo. 

Nets y Bulls son una incógnita en cuanto al rendimiento que pueden dar. Probablemente se enfrenten entre si y será entonces el momento de destapar las dudas que ofrecen los irregulares Nets en Playoffs, más aún teniendo en cuenta que el núcleo del equipo es de nueva formación.

Chicago aún está esperando a su buque insignia, su corazón y su líder, el eternamente aplazado regreso de Derrick Rose elimina toda esperanza que los aficionados Bulls pudieran tener esta temporada, y es de esperar que su soñado regreso no tenga la repercusión inmediata que anhela la ciudad de Chicago.

Nets y Bulls son una incógnita, no así los Hawks y los Celtics, su experiencia en Playoffs los avala, pero de distinta forma: mientras unos se vuelven gigantes, los otros se empequeñecen.
Los Hawks parecen aún más quebradizos que otros años y tienen la sensible baja de Louis Williams, el futurible mejor sexto hombre de la temporada antes de la lesión.

Los Playoffs son el caldo de cultivo idóneo para que el orgullo Celtic se expanda y convierta a Boston en un equipo mucho más peligroso y agresivo. Los verdes pueden dar problemas tanto a New York como a Indiana, e incluso plantarle cara al monstruo más temido de la NBA. Con ellos la palabra sorpresa pierde su significado.


El último viajero del Este a la aventura de los Playoffs se hundirá muy rápido, los Bucks no tienen ninguna posibilidad ante Miami a pesar de la eclosión de Larry Sanders, el cual se verá desbordado intentando detener las embestidas del equipo más incisivo de la NBA.





El Este ya está listo.


viernes, 26 de octubre de 2012

Un don nadie preparado



Hace unos meses vi este video y me causó un gran impacto. Será que yo soy especialmente sensible a ellas, pero el poder de sus palabras es incuestionable. Una obra que merece la pena difundir y, sobre todo, entender.
Ha sido un trabajo sesudo, pero he subtitulado el video al español, así todo el mundo de habla hispana podrá entender su mensaje. ¡Recomiendo encarecidamente su visión!


*Sinó los tenéis activados por defecto, deberéis activar los subtítulos.




Quiero aprovechar para agradecer públicamente el apoyo que me habéis dado algunos de vosotr@s, ya sabéis quienes sois; ¡Gracias! Espero que esta pequeña familia de noctámbulos siga creciendo; trabajaré para ello.


Si os gusta mi blog y los artículos que escribo seguidme en Twitter o pulsad “Me gusta” en el box-face, para mí significa mucho.
Por último, quiero animaros a dejar vuestros comentarios en los nuevos artículos que escriba, quiero que entre todos generemos debate, enriquecernos.

martes, 16 de octubre de 2012

Soñar despierto



Somos diferentes. Únicos. Nuestro código genético permite esta posibilidad. No ha habido, ni habrá, nadie como nosotros. Nadie como yo; como tú. Sin embargo, y yendo a contranatura, la sociedad nos empuja a ser iguales, a formar parte de un grupo, un todo que difumina al individuo. Afortunadamente podemos escapar de esta homogeneidad; podemos soñar. Es un derecho que ninguna ley nos podrá prohibir, allí somos libres, nuestros sueños son nuestros, solo nuestros, pero a veces se pueden compartir, a veces, incluso con el mundo.

Eso hizo Jeremy Lin: soñar. Soñó tantas veces el mismo sueño que, después de mucho esfuerzo y tenacidad, se volvió real.
Nadie podía esperar lo que sucedió, nadie excepto él. Lin luchó esperando la llegada de una oportunidad como esa. Nunca lo tuvo fácil, no obtuvo ninguna beca deportiva, ni fue drafteado, pero lo tuvo claro. El licenciado en económicas por la Universidad de Harvard sabía que tarde o temprano las cuentas cuadrarían. Así sucedió.

Una carambola del destino, una oportunidad imprevista, una ristra de casualidades e infortunios convergieron para que el soñador taiwanés pudiera despertar.
Mike d'Antoni, sobrepasado por una pésima trayectoria deportiva que no hacía más que empeorar (11 derrotas en 13 partidos), optó por darle una oportunidad; él mismo quedo perplejo de su descubrimiento.
Una franquicia histórica andaba perdida y sin rumbo, ni la llegada de entrenadores y jugadores que engrandecieron los equipos de los que procedían conseguían hinchar el balón de los Knicks. El aire nuevo que insuflaban al llegar a la gran manzana se volvía turbio a las pocas semanas. El exigente aficionado neoyorquino se desalentaba, y las ilusiones depositadas en los nuevos proyectos se diluían como un azucarillo en el café.
New York vivía el gris presente con resignación, pero de pronto alguien empezó a colorear el Madison. El 4 de febrero nació un fenómeno; el mundo empezó a soñar.

¿Quién es?... ¿De dónde ha salido?... Nadie lo conocía, pero a partir de entonces todo el mundo lo quiso hacer: a qué hora se ha despertado, qué ha comido, dónde ha dormido, con quién... Había un gran interés por conocer aquel enigma salido de la nada, creado por generación espontánea; nació un fenómeno. Jeremy Lin superó con creces el efecto que produjo en la comunidad asiática al fichar por Golden State, derribó la barrera racial y empezó a ganarse la admiración global.
En mi humilde opinión, asistimos a un fenómeno sin precedentes. Todos, del primero al último, nos sorprendimos; y maravillamos.

Liderados por un desconocido, los Knicks empezaron a ganar. Con un juego fácil, sin florituras ni complicaciones. Empezó a dirigir a un equipo huérfano de estrellas (Anthony y Stoudemire estaban fuera por diferentes motivos). A Lin no le dieron ninguna oportunidad, se la tuvo que ganar, y lo hizo sin miedo. No importaban los errores en el tiro ni las pérdidas de balón. Jeremy mostró un juego agresivo y, como no, inteligente.

Empezaron a aparecer muescas en su revolver. Su primera víctima fue Deron Williams, todo un All-Star al que propinó 25 puntos. Los Knicks ganaban, y él era el responsable. Un equipo por aquel entonces muy mermado y con escaso talento ofensivo empezó a ganar los partidos que con sus estrellas perdían. Seguían los partidos y el fenómeno crecía sin aturador. Nadie podía pararle. El número 1 del Draft del 2010 (John Wall) también cayó víctima del torbellino asiático. Imparable. Ni la sombra más corpórea de Jordan logró detener el fenómeno; en su enfrentamiento contra los Lakers, Lin metió 38 puntos, algunos de ellos bajo la defensa del mismísimo Kobe Bryant.
Un rey de reyes que había sucumbido, como tantos otros, ante aquel fugaz emperador. 

Nombrado Jugador de la Semana en la Conferencia Este con unos promedios de 27,3 puntos, 8,3 asistencias y 2,0 robos.

Diez días más tarde de haberse creado el fenómeno se le puso nombre. Con empate en el marcador Lin decidió que el partido acabaría sin demora, pues anotó sobre la bocina el triple que daba una nueva victoria al equipo neoyorquino. Fue después de lo sucedido en el Air Canada Center, con el fenómeno en plena expansión, donde se empezó a acuñar el nombre de Linsanity.

Los críticos empezaron a alabar al mismo jugador que un par de años atrás consideraron un fichaje publicitario de Golden State; lo era. Pero del mismo modo que también lo es ahora, la diferencia es que ahora se cumplirá el objetivo: será rentable. No solo su entorno ha cambiado, él tambien lo ha hecho. Necesitó cambiar para que su mundo cambiara.
Jeremy Lin fue listo. Adaptó su juego para sobrevivir en un hábitat que no fue creado para un chico como él. Sabía donde quería vivir, y adaptó su físico para poder sobrevivir a esa jungla. En una palabra: evolución.
Su cuerpo mutó. Se volvió más rápido y más fuerte. Su tenacidad trajo frutos: subió casi 7kgs de músculo; saltaba 10cms más alto y 15 más lejos. Mejoró su velocidad lateral en más de un 30%, duplicó el peso que era capaz de levantar y, por si fuera poco, cambió su mecánica de tiro. La mejora en tal variedad de aspectos le permitió estar preparado para cuando llegase el momento de salir a la cancha; demostrarse que no era el mismo.

El resultado de este crecimiento físico le ha permitido demostrar su talento como jugador de baloncesto, pero requería de esa evolución para poder hacerlo.
Ahora, después de firmar con Houston un contrato de 25 millones por tres temporadas (con posibilidad a una cuarta) Lin deberá demostrar que su nuevo contrato no está inflado y es el que se merece. Tendrá que volver a demostrar, a gran escala, que su fichaje no ha sido meramente un movimiento de mercado.




Un nuevo reto que conquistar; nada nuevo.


sábado, 12 de mayo de 2012

I believe (Baron Davis)



Era el cuarto partido de primera ronda cuando, en un contraataque flanqueado por Miller y Wade, el genial base californiano cayó para, quizá, no volver a levantarse. Baron Davis se desplomó. Su físico, cansado, no aguantó más.
Las lesiones, en especial de rodilla, le han acompañado ya desde la universidad. Esta temporada ha estado más en la enfermería que en la pista. Una hernia discal primero y problemas en los isquiotibiales más tarde no le han dejado rendir de la forma que el sabe hacer.
Compañeros y rivales pronto se dieron cuenta de la gravedad que supuso la caída. Un desgarro parcial de la rótula y desgarro completo de los ligamentos cruzados medial y anterior. Una lesión cuyo tiempo de recuperación se estima en 12 meses.

Así pues, con 33 años, Baron Davis podría haber dicho adiós a su carrera.
Los jugadores en el campo lo sabían. Carmelo y Stoudemire estuvieron a su lado hasta que la camilla se lo llevó. Amare incluso rezaba pidiendo que la lesión no fuese tan grave como parecía.
LeBron James encabezó los gestos de apoyo que Wade y demás jugadores de los Heat secundaron en el trayecto de Davis hacia los vestuarios. En ese momento la televisión sobre impresionó los números de su carrera (16.1 puntos, 7.2 asistencias, 1.8 robos) presagiando su final, un final que parecía advertir el mismo Davis. Quizá por eso cuando le sacaron de la pista reunió fuerzas para dibujar una sonrisa en su rostro, la misma con la que el dos veces All-Star irrumpió en la liga hace ya 13 años.


Toda gran historia tiene su comienzo y el suyo fue en Crossroads School, una prestigiosa escuela elitista donde coincidió con los hijos de algunas de las familias más pudientes de Santa Mónica. Su carácter, jovial y extrovertido, le sirvió para encajar en un mundo que no había sido creado para él.
Allí conoció a Kate Hudson, actriz con la cual aún le une una gran amistad pues ha asistido en algunos de sus partidos (sobre todo en su etapa en Golden State y Clippers). Además también es amigo, entre otras celebridades, de Jessica Alba. Sin duda son amistades que a todos nos gustaría tener...

En 1997 alertó a la nación de lo que en pocos años llegaría a la liga. Baron Davis ganó el concurso de mates del McDonald's All-American a pesar de ser el jugador más bajo de la competición.

Aunque recibió muchas ofertas, acabó decantándose por la universidad de UCLA. Él quería jugar en su casa, cerca de amigos y familiares. En los Bruins estuvo dos años y promedió 13.6 puntos y 5.1 asistencias.

En 1999 se presentó al draft, donde fue elegido en tercera posición por los Charlotte Hornets, justo debajo de otro base de características muy similares, Steve Francis.
En su primer año en la NBA salió desde el banquillo, pero en el segundo ya jugó los 82 partidos como titular. Con casi 39 minutos por partido promedió: 13.8 puntos, 7.3 asistencias, 5 rebotes y 2.1 robos. Unos números que, sobre todo en la faceta anotadora, crecieron en temporadas venideras hasta bordear, o superar, los 20 puntos por partido.

En 2002 participó en el Mundial con la selección americana, donde estuvo a la altura del equipo, decepcionante.
Ese mismo año visitó la mítica cancha de Rucker Park. Allí, en su asfalto, han jugado algunos de los mejores jugadores de la historia de este deporte. 
El californiano visitó Harlem para ganarse la admiración de todo el público que abarrotaba la pista y un apodo, Too Easy.
Baron Davis era un base todo terreno capaz de hacer muchas cosas en cancha, un gran defensor que robaba balones y ayudaba en el rebote como pocos bases en la liga podían hacer.
Tenía una fuerza y una explosividad descomunal que en conjunción con un talento difícil de igualar lo convertían en uno de los mejores bases de la liga. Con un juego a veces callejero, era capaz de anotar en cualquier situación y desde cualquier posición, y su visión de juego le servía para asistir y nutrir de alley-oops a sus compañeros.
Too easy ya saboreó las mieles de los Playoffs en su temporada Rookie y también los jugó, por partida doble, en el traslado a la ciudad de New Orleans. Pero donde realmente se convirtió en el rey de los Playoffs fue con Golden State en la temporada 2006-2007. En la mítica serie que les enfrentó a Dallas Baron Davis impresionó al mundo.


En los Warriors formó con Jason Richardson una de las duplas más temibles de la liga, un backcourt que aunaba explosividad, físico y talento.
En la temporada 2006-2007 Golden State contrató a Don Nelson, un entrenador con clara vocación ofensiva que instauró su concepto del “run&gun” a un equipo físico y, para nada, exento de talento. Jugadores como Stephen Jackson, Al Harrington, Monta Ellis, Matt Barnes o Michael Pietrus respaldaron al dúo estelar.
El sistema impuesto por Don Nelson consiguió que aquel grupo de jugadores explotaran sus cualidades, disfrutaran y hicieran disfrutar al mundo. Ese mismo año las puertas de la Golden Gate se abrieron de par en par para que el equipo liderado por Baron Davis entrará a la historia de la NBA y se instalara en el corazón de miles de aficionados que, como yo, vieron la proeza que aquel equipo consiguió.
Hasta aquel momento ningún octavo había conseguido batir al primero en una serie a 7 partidos. El lema de la ciudad “We believe” aniquiló a los Mavericks con un juego de posesiones cortas y contraataques que los destrozó. En ese conjunto flotaba el polvo de asfalto de las canchas playground. Con un espectáculo ofensivo pocas veces visto en una serie de Playoffs los Warriors despedazaron al mejor récord de la liga y a su flamante MVP, Dirk Nowitzki.
Más tarde el juego duro, incluso sucio, que Utah utilizó contra ellos en segunda ronda no les permitió avanzar. Pero aquel equipo ya había hecho historia, mucha más de la que consiguieron hacer sus verdugos.
En esos Playoffs Davis elevó sus números a promedios de 25.3 puntos, 6.5 asistencias, 2.9 robos y 4.5 rebotes. En esas series el MVP no jugaba en Dallas, el mejor jugador fue un “guerrero” que inscribió el nombre de su franquicia en la historia de la mejor liga del mundo con letras doradas.
Además, por si eso fuera poco, Davis se encargó de inmortalizar a Andrei Kirilenko con un mate para la posteridad.


El 10 de julio del 2008 firmó el contrato que le devolvía a su ciudad natal, los Clippers requerían sus servicios, pero decepcionó.
Allí sus números empezaron a decaer. Las lesiones que le han perseguido toda su carrera parecían estar alcanzando al veloz base californiano. Otro factor que contribuyó a su descenso numérico fue el juego de los Clippers, mucho más lento que el de Don Nelson. Así pues, con menos posesiones y menos tiros, sus números indefectiblemente tenían que bajar. 
Otra causa de la reducción anotadora fue la edad. Con 1.91 volar para machacar ante los 7 pies rivales conlleva un desgaste que el paso de los años acentúa y acelera mucho más en jugadores de ese estilo.

La temporada pasada fue traspasado a Cleveland a cambio de una primera ronda, Mo Williams y Jamario Moon.
En Cleveland, quizá vislumbrando el final de su carrera, recordó sus inicios. En su camiseta empezó a lucir el dorsal 85 en honor al número de la calle donde sus abuelos le criaron, la calle donde empezó todo.
Los Cavs hicieron uso de la clausula de amnistía y liberaron a Baron Davis que en el presente año fichó por New York Knicks ansiando volver a un proyecto ganador, su última oportunidad para volver a ser el grande que una vez fue. 
Baron Davis ha sido un buen compañero, una persona justa. Un injusto destino ha plagado su carrera de lesiones que han menguado su físico y rebajado su techo, pero que jamás han conseguido borrar la sonrisa de su rostro, el optimismo en sus palabras.

Ahora que el mundo que una vez asombró teme su retirada es cuando tiene que demostrar, de nuevo, que no hay nada imposible.



I believe.




lunes, 7 de mayo de 2012

El guardaespaldas


En la sociedad que vivimos la seguridad es un valor en alza, necesitamos saber que estamos protegidos, sentirnos a salvo.
Todos los equipos de la NBA tienen un sistema de seguridad, pero, como todo en la vida, hay unos mejores que otros. Existen pocos realmente fiables, pero esa minoría son muy eficaces. Los ladrones que entran en la zona sin permiso los conocen, y los temen.
Las mejores marcas de seguridad hoy en día responden al nombre de Bynum, Ibaka, Howard, Noah y, como no, el mejor producto defensivo de esta temporada, Tyson Chandler. De este último voy a hablar.

Tyson Chandler es un gigante de 2.16 cuyo cuerpo parece esculpido para el baloncesto. Hay muchos jugadores altos en la liga pero muy pocos de su nivel. A fuerza de trabajo se ha acabado convirtiendo en uno de los mejores pivots de toda la NBA y el galardón como mejor defensor de la temporada lo ratifica.
Algunos dirán que sólo se ha aprovechado de la magnifica genética que ha recibido y en parte es cierto, pero no del todo. Con su físico le bastaba para jugar en la mejor liga del mundo, pero no para ser la referencia defensiva que fue en Dallas y es en Knicks. Él quería ser algo más y lo ha conseguido.

Chandler se vacía por sus compañeros. Su defensa de ayudas es la razón por la que ha recibido este premio y también es el motivo por el que Dallas ganó el anillo.
Su aportación defensiva fue tan importante como la de Dirk en ataque. Chandler bloqueó tiros, provocó muchas rectificaciones y, sobre todo, molestó a cualquier jugador que conseguía escabullirse de su defensor o rompía la zona. Fuera quien fuera el que osara entrar en la pintura sabía que allí se encontraría a la bestia.
Sus compañeros se sienten seguros jugando con él, saben que si su defensa no es buena o se despistan un instante el jugador que lo haya superado se encontrará un escollo que, a buen seguro, no le será fácil sortear. Chandler ha difuminado muchos errores de sus compañeros, por eso se agradece tanto tener esa clase de jugador en tu equipo.

El año pasado jugadores muy habituados a las penetraciones acabaron claudicando ante el rey de la zona. Estrellas como Westbrook, Wade o LeBron sufrieron ante su poder de intimidación.
Chandler tiene una agilidad marciana para su estatura y unos brazos enormes con los que llega a todas las ayudas. Con Amare Stoudemire de compañero tiene mucho trabajo en ese aspecto, pero no es nada nuevo para Chandler. Su intensidad y defensa hacía falta en los Knicks.
New York recibe 10 puntos menos de media esta temporada y todos conocemos al culpable.

Quizá hay quien piense que el premio se lo ha merecido más Ibaka, y por números es así. Pero yo creo que ha influido, y mucho, lo que hizo Chandler en los Playoffs pasados. Este año ha recibido un bonus del premio gordo que ganó el anterior. La recompensa a un trabajo bien hecho.


Los mejores físicos del mundo le temen.