martes, 6 de noviembre de 2012

La responsabilidad de un líder



A menudo sin quererlo, nos encontramos con situaciones que cambian nuestra vida. Momentos puntuales que no buscamos; solo llegan.
A priori, resulta relativamente fácil identificar si el cambio es a mejor o a peor, pero en última instancia, eso solo depende de nosotros, de la actitud que tomemos.

Hay opiniones divididas acerca de a quién beneficia más el cambio de jugadores entre OKC y Houston (James Harden, Cole Aldrich, Lazard Hayward y Daequan Cook se van a los Rockets a cambio de Kevin Martin, Jeremy Lamb y tres elecciones del Draft del 2013). Pudiéndolo discutir largamente, si hay algo claro es que, más allá de equipos, quién sale más beneficiado lleva barba. Sí. James Harden.

El tercera espada de OKC se convierte en punta de lanza.

Muchos creían, me incluyo, que Harden era mucho más que un sexto hombre, un jugador que tuvo la fortuna y la desgracia de coincidir en el mismo equipo que Durant y Westbrook.
Harden sabía que se encontraba en un equipo grande, un equipo ganador del cuál formaba parte capital. Por ese motivo aceptó el rol de asesino desde el banquillo sin rechistar. Sabía que en ese equipo crecería y ganaría; algunas veces gracias a él, otras muchas gracias a sus compañeros.

En ese rol obtuvo un merecido reconocimiento: fue nombrado Mejor Sexto Hombre de la NBA. Pero este traje le venía demasiado estrecho a un jugador de calidad enorme. En OKC su techo no lo limitaba su talento, la culpa era más bien del número de minutos y el “inconveniente” de compartirlos con Durant y Westbrook. En Houston, este incómodo techo desaparece; ahora se puede erguir. 
Será diferente; él lo sabe. En el primer partido que disputó como Rocket ya demostró conocer el nuevo papel que deberá desempeñar en un equipo excesivamente joven (media de 23 años). Los números son clarificadores: 44 minutos de juego en los que hizo 37 puntos, 6 rebotes, 12 asistencias y 4 robos.

En su primer partido demostró una adaptación inmediata al nuevo rol; mucho más exigente. El mejor sexto hombre de la competición, se convirtió en el líder que su equipo necesitará partido tras partido. Tiró más que nunca. Prueba de ello son los registros personales que batió contra Detroit: número de tiros de campo intentados, y también encestados, así como el número de minutos que estuvo en pista, destrozando su anterior récord de asistencias.

En el siguiente partido, escaló hasta los 45 puntos (récord personal) se mostró incisivo y muy hiriente; penetró con determinación, la determinación de un líder.

Está siendo quién esperan que sea. En tres partidos, Harden ya ha batido muchas de las mejores marcas obtenidas en OKC, y las que le quedan solo son cuestión de tiempo. Cualquier cambio conlleva sus pros y sus contras, la virtud radica en saber anteponer los pros de la nueva situación. A esa capacidad algunos le llaman madurar; eso conseguirá esta temporada. 

En mi humilde opinión, quién mayor rédito va a sacar de esta unión es el mismo Harden pues crecerá como jugador y, sobre todo, como líder. En Houston, James Harden será la estrella que no podía ser en OKC, en los Rockets tendrá la libertad de hacer y deshacer a su antojo. En ese aspecto se igualará a las grandes estrellas de la liga. Pero su propósito debe ir más allá, su propósito debe ser convertirse en una de ellas; en eso está.

James Harden es un jugador de una calidad inaudita, una calidad que liberada del corsé que suponía OKC, crecerá desbordando las expectativas más optimistas. Houston lo ascenderá a las alturas, a una cota en la cual tan solo habitan las superestrellas.




En Houston demostrará que su techo aún no se vislumbra.

viernes, 26 de octubre de 2012

Un don nadie preparado



Hace unos meses vi este video y me causó un gran impacto. Será que yo soy especialmente sensible a ellas, pero el poder de sus palabras es incuestionable. Una obra que merece la pena difundir y, sobre todo, entender.
Ha sido un trabajo sesudo, pero he subtitulado el video al español, así todo el mundo de habla hispana podrá entender su mensaje. ¡Recomiendo encarecidamente su visión!


*Sinó los tenéis activados por defecto, deberéis activar los subtítulos.




Quiero aprovechar para agradecer públicamente el apoyo que me habéis dado algunos de vosotr@s, ya sabéis quienes sois; ¡Gracias! Espero que esta pequeña familia de noctámbulos siga creciendo; trabajaré para ello.


Si os gusta mi blog y los artículos que escribo seguidme en Twitter o pulsad “Me gusta” en el box-face, para mí significa mucho.
Por último, quiero animaros a dejar vuestros comentarios en los nuevos artículos que escriba, quiero que entre todos generemos debate, enriquecernos.

martes, 16 de octubre de 2012

Soñar despierto



Somos diferentes. Únicos. Nuestro código genético permite esta posibilidad. No ha habido, ni habrá, nadie como nosotros. Nadie como yo; como tú. Sin embargo, y yendo a contranatura, la sociedad nos empuja a ser iguales, a formar parte de un grupo, un todo que difumina al individuo. Afortunadamente podemos escapar de esta homogeneidad; podemos soñar. Es un derecho que ninguna ley nos podrá prohibir, allí somos libres, nuestros sueños son nuestros, solo nuestros, pero a veces se pueden compartir, a veces, incluso con el mundo.

Eso hizo Jeremy Lin: soñar. Soñó tantas veces el mismo sueño que, después de mucho esfuerzo y tenacidad, se volvió real.
Nadie podía esperar lo que sucedió, nadie excepto él. Lin luchó esperando la llegada de una oportunidad como esa. Nunca lo tuvo fácil, no obtuvo ninguna beca deportiva, ni fue drafteado, pero lo tuvo claro. El licenciado en económicas por la Universidad de Harvard sabía que tarde o temprano las cuentas cuadrarían. Así sucedió.

Una carambola del destino, una oportunidad imprevista, una ristra de casualidades e infortunios convergieron para que el soñador taiwanés pudiera despertar.
Mike d'Antoni, sobrepasado por una pésima trayectoria deportiva que no hacía más que empeorar (11 derrotas en 13 partidos), optó por darle una oportunidad; él mismo quedo perplejo de su descubrimiento.
Una franquicia histórica andaba perdida y sin rumbo, ni la llegada de entrenadores y jugadores que engrandecieron los equipos de los que procedían conseguían hinchar el balón de los Knicks. El aire nuevo que insuflaban al llegar a la gran manzana se volvía turbio a las pocas semanas. El exigente aficionado neoyorquino se desalentaba, y las ilusiones depositadas en los nuevos proyectos se diluían como un azucarillo en el café.
New York vivía el gris presente con resignación, pero de pronto alguien empezó a colorear el Madison. El 4 de febrero nació un fenómeno; el mundo empezó a soñar.

¿Quién es?... ¿De dónde ha salido?... Nadie lo conocía, pero a partir de entonces todo el mundo lo quiso hacer: a qué hora se ha despertado, qué ha comido, dónde ha dormido, con quién... Había un gran interés por conocer aquel enigma salido de la nada, creado por generación espontánea; nació un fenómeno. Jeremy Lin superó con creces el efecto que produjo en la comunidad asiática al fichar por Golden State, derribó la barrera racial y empezó a ganarse la admiración global.
En mi humilde opinión, asistimos a un fenómeno sin precedentes. Todos, del primero al último, nos sorprendimos; y maravillamos.

Liderados por un desconocido, los Knicks empezaron a ganar. Con un juego fácil, sin florituras ni complicaciones. Empezó a dirigir a un equipo huérfano de estrellas (Anthony y Stoudemire estaban fuera por diferentes motivos). A Lin no le dieron ninguna oportunidad, se la tuvo que ganar, y lo hizo sin miedo. No importaban los errores en el tiro ni las pérdidas de balón. Jeremy mostró un juego agresivo y, como no, inteligente.

Empezaron a aparecer muescas en su revolver. Su primera víctima fue Deron Williams, todo un All-Star al que propinó 25 puntos. Los Knicks ganaban, y él era el responsable. Un equipo por aquel entonces muy mermado y con escaso talento ofensivo empezó a ganar los partidos que con sus estrellas perdían. Seguían los partidos y el fenómeno crecía sin aturador. Nadie podía pararle. El número 1 del Draft del 2010 (John Wall) también cayó víctima del torbellino asiático. Imparable. Ni la sombra más corpórea de Jordan logró detener el fenómeno; en su enfrentamiento contra los Lakers, Lin metió 38 puntos, algunos de ellos bajo la defensa del mismísimo Kobe Bryant.
Un rey de reyes que había sucumbido, como tantos otros, ante aquel fugaz emperador. 

Nombrado Jugador de la Semana en la Conferencia Este con unos promedios de 27,3 puntos, 8,3 asistencias y 2,0 robos.

Diez días más tarde de haberse creado el fenómeno se le puso nombre. Con empate en el marcador Lin decidió que el partido acabaría sin demora, pues anotó sobre la bocina el triple que daba una nueva victoria al equipo neoyorquino. Fue después de lo sucedido en el Air Canada Center, con el fenómeno en plena expansión, donde se empezó a acuñar el nombre de Linsanity.

Los críticos empezaron a alabar al mismo jugador que un par de años atrás consideraron un fichaje publicitario de Golden State; lo era. Pero del mismo modo que también lo es ahora, la diferencia es que ahora se cumplirá el objetivo: será rentable. No solo su entorno ha cambiado, él tambien lo ha hecho. Necesitó cambiar para que su mundo cambiara.
Jeremy Lin fue listo. Adaptó su juego para sobrevivir en un hábitat que no fue creado para un chico como él. Sabía donde quería vivir, y adaptó su físico para poder sobrevivir a esa jungla. En una palabra: evolución.
Su cuerpo mutó. Se volvió más rápido y más fuerte. Su tenacidad trajo frutos: subió casi 7kgs de músculo; saltaba 10cms más alto y 15 más lejos. Mejoró su velocidad lateral en más de un 30%, duplicó el peso que era capaz de levantar y, por si fuera poco, cambió su mecánica de tiro. La mejora en tal variedad de aspectos le permitió estar preparado para cuando llegase el momento de salir a la cancha; demostrarse que no era el mismo.

El resultado de este crecimiento físico le ha permitido demostrar su talento como jugador de baloncesto, pero requería de esa evolución para poder hacerlo.
Ahora, después de firmar con Houston un contrato de 25 millones por tres temporadas (con posibilidad a una cuarta) Lin deberá demostrar que su nuevo contrato no está inflado y es el que se merece. Tendrá que volver a demostrar, a gran escala, que su fichaje no ha sido meramente un movimiento de mercado.




Un nuevo reto que conquistar; nada nuevo.


lunes, 17 de septiembre de 2012

Objetivo: conquistar Europa



El vigente campeón de liga encara un nuevo curso. Este año, el alumno más aventajado del baloncesto nacional sí parece haber hecho los movimientos adecuados para mejorar una plantilla que la temporada pasada demostró haber empeorado. Así pues, con las nuevas incorporaciones, el Barça cubre carencias evidentes y mejora en posiciones necesarias.

La columna vertebral es la misma: un Navarro cada vez más lastrado e intermitente debido a las lesiones, pero que sigue siendo el líder indiscutible del conjunto azulgrana.


Los directores de juego seguirán siendo Huertas y Sada, este último tras pelear una dura renovación de contrato. Se espera que Marcelinho, en su segunda temporada en el club, demuestre el nivel para el que se le fichó, pues aunque fue vital en la consecución de la liga con aquel triple imposible, en poco más ayudó al equipo; una sombra de lo que fue. 
Algunos dirán que ensombrecido por el monopolio que a veces ejerce Navarro en la ofensiva azulgrana, pero sin obviar ese factor, el dominio del pick&roll que practicaba en el Caja Laboral se convirtió en pobre tras su llegada a Barcelona; sus elecciones fueron erróneas en demasiadas ocasiones. Hará un año que un Huertas inseguro e indeciso aterrizó en la ciudad condal, esperemos que en el presente curso desembarque el Marcelinho que fichamos.

Sada se ha mostrado rebelde este verano, sabe que es un jugador que no abunda en Europa, su físico desde la posición de base le da ventaja, una ventaja que, hay que decirlo, en ataque no sabe aprovechar. Un jugador tremendamente limitado ofensivamente, pero pieza clave en defensa para secar a los base/escolta rivales. Veremos si su paso por la selección, y el papel activo que ha tenido en ella, le ha servido para crecer en confianza, pues su talento, escaso, da poco más de si.

Es en el espacio entre ambos donde situamos a Sarunas Jasikevicius, el veterano base lituano se une al proyecto azulgrana para fortalecer el talón de Aquiles que el Barça sufrió el año pasado tras la marcha de dos grandes tiradores como eran Jaka Lakovic y Gianluca Basile. Pues con su salida, exceptuando a Navarro, el equipo estaba huérfano de tiradores fiables desde más allá del 6.75.



Un regreso tardío a mi entender. El retorno de un rey. Uno de los arquitectos de una época dorada vuelve al club que siente como suyo para mostrar que el talento que atesora no envejece. El veterano base lituano ha demostrado en los JJOO que aún es capaz de hacer jugar, dirigir y decidir. Los minutos que le dará Xavi Pascual serán pocos, los suficientes y necesarios para que pueda rendir, a sus 36 años, de la mejor forma posible.
Saras es un arma nueva para este Barça, no solo por su fiabilidad en el tiro de tres, sino por su capacidad de coger el timón y enderezar el rumbo cuando las aguas se muestren más embravecidas.




Rejuvenecer desde dentro

La marcha de dos grandes intimidadores como son Fran Vázquez y Boniface Ndong resta potencial defensivo a un equipo que, en muchos partidos, vive de él. Veremos como se encaja el golpe de prescindir de jugadores capaces de vivir por encima del aro, más aún cuando en la pasada temporada tuvieron partidos sensacionales, en especial Ndong, convirtiéndose en sustento del equipo.
Pero las nuevas incorporaciones no tienen nada que desdeñar en cuanto a talento, un talento distinto; sí. Pero dependiendo de como lo trabaje Pascual; mejor.
La primera gran victoria del Barça esta temporada es Erazem Lorbek, un jugador que parecía perdido rumbo a San Antonio y que han conseguido convencerle para que desoyera los cantos de sirena procedentes del Alamo. Lorbek es, probablemente, el 4 con mejores fundamentos del viejo continente, cuenta con un tiro excelso y un registro de movimientos que ni su lentitud de ejecución logra lastrarlo suficentemente como para convertirlo en un jugador fácil de detener.
Veremos como se adapta al cambio de pareja interior, pues sus nuevos acompañantes (Ante Tomic y Nathan Jawai) volaran muy raso, casi tanto como él.
El robo de la perla croata al conjunto blanco dará mucho de que hablar esta temporada. Su rendimiento será observado con lupa, en especial en los enfrentamientos con el eterno rival. A priori, el movimiento del Barça ha sido muy acertado, pues le quitas al máximo rival su pieza más doliente, desde tu óptica, para convertirla en azote blanco. Tomic es un jugador de una calidad técnica gigante, pero endeble en defensa. Un talento sin techo aún, pero que de mejorar en garra e intensidad, su techo no está en Europa. Veremos si el severo Xavi Pascual logra inocular en la sangre del joven talento croata una pizca de la intensidad con la que juegan sus compañeros. De no ser así, a Pascual no le temblará el pulso si debe mandarlo al banquillo.

Nathan Jawai viene para blindar la pintura, el aborigen australiano recuerda en juego y cuerpo al heleno Sofoklis Schortsanitis, en sus repetidos enfrentamientos con el conjunto azulgrana se pudo apreciar que era un jugador dañino en la zona, muy difícil de defender e imposible de detener sin mandar ayudas. Veremos hasta donde le respetan los árbitros, pues es fácil que al mínimo choque se castigue al voluminoso pívot azulgrana.




Cambio de jugadores, variaciones del sistema

El Barça necesitará remodelar su juego tanto a nivel defensivo como ofensivo pues su renovado juego interior no será capaz de ejecutar las acciones que tan bien finalizaban Fran Vasquez y Ndong tras alley-oop de Navarro. Quizá el talentoso escolta pierda capacidad de asistir. El conjunto azulgrana pierde potencial por encima del aro, pero lo gana debajo. Los nuevos interiores pueden ser más activos que sus antecesores. Su juego en el poste bajo, para el que los equipos rivales necesitarán ayudas, provocará que haya más espacios, y se podrán conseguir buenas posiciones de tiro con mayor facilidad que la temporada anterior, eso siempre y cuando el movimiento de balón sea ágil y, en buena medida, automatizado.

El Barça aumenta su peligrosidad desde el perímetro con la llegada de Saras, territorio que el año pasado era coto exclusivo de Navarro. Vuelve un emblema con capacidad de exaltar y templar el ambiente, un microondas que puede incendiar el Palau y helar al rival.

Aunque no todo es bueno, los cambios provocarán que haya más lagunas defensivas que en años pretéritos, pues con los nuevos interiores el Barça sufrirá más a la hora de proteger su zona, los exteriores rivales penetrarán con más asiduidad y convicción, pues el miedo que infundían Ndong y Vázquez en las cercanías del aro ha desaparecido. Así pues, las ayudas serán menos intimidantes y por lo tanto menos efectivas, de esta forma los exteriores estarán obligados a defender con mayor atención a su par.





Esperando la eclosión

La posición más débil del conjunto azulgrana sigue siendo la de alero, un veterano y castigado Pete Mickael y Joe Ingles como relevo parecen poco para un equipo que quiere governar Europa, así pues Pascual debe acceder a premiar con minutos a Xavi Rabaseda y Alex Abrines. Jugadores jóvenes que atesoran el talento que el Barça puede necesitar en esta posición. Al joven mallorquín se le compara con Rudy Fernandez, con el que incluso conserva cierto parecido físico.
Abrines es un 2 muy rápido de brazos, con buena mano y capaz de penetrar cuando es necesario, puede machacar el aro sin problema alguno. Un jugador que ha demostrado en el Campeonato de Europa sub-20 que tiene madera de líder, pues suyo fue el triple que dio la medalla de bronce al combinado español.

A la vista está que Chichi Creus quiere rejuvenecer la plantilla, pero está claro que no es tan bueno viendo el talento que aún está por pulir, que al mismo tiempo es el más barato, del ya hecho y “explotado”. La espectacular recta final de Pete Mickael en la serie por el campeonato nacional le hizo tapar su irregular temporada. Si las lesiones merman el rendimiento de un jugador, ese efecto se acrecienta en uno de su edad. El binomio que Creus quiso crear con Chuck Eidson no carburó en ningún momento de la temporada.
El Barça quiere hacer nacer de su regazo una estrella, convertirlo en vitola, en un estandarte que no fue comprado, sino hecho. Buscan al nuevo Navarro, pero no como jugador, pues “La Bomba” es irrepetible; quieren un emblema.

El vacío dejado por Eidson debe ser llenado por Xavi Rabaseda, un jugador que tiene mucho por mejorar y que, a diferencia de otros, tiene la capacidad de hacerlo. Xavi Pascual haría bien en restarle minutos a Joe Ingles para sumarlos al contador del joven alero catalán.








Defendiendo la idea de defender

La defensa es un factor importante en la consecución de los títulos, muchos entrenadores lo saben e inculcan su libro defensivo a sus pupilos con el objetivo de reducir porcentajes y provocar errores o pérdidas en el equipo rival. Xavi Pascual ejerce a la perfección su sistema defensivo, no en vano ha sido la mejor defensa de Europa en repetidas ocasiones. Pero siempre me queda el resquemor de pensar que el Barça tiene demasiada calidad para focalizar y priorizar hasta tal extremo la defensa para, en ataque, depender de la inspiración de un, a veces, imparable Navarro. Quizá los cambios en el juego interior buscan precisamente esto, una mayor variedad ofensiva en detrimento de empeorar, levemente, la faceta defensiva.
Aunque conociendo a Pascual, a buen seguro que su intención, ambiciosa, es mejorar el ataque sin resentir la defensa.
Veremos si será capaz de conseguirlo.



Conclusión

El equipo rejuvenece pero pierde poder de intimidación, sacrifica defensa para un ataque más equilibrado, menos dependiente. Las opciones de anotar y las formas para hacerlo aumentarán. Habrá más espacios y deberán saber jugar con ellos, hacer pagar a los equipos rivales las ayudas que se verán obligados a ejercer sobre Tomic y Jawai.
Veremos la adaptación de los nuevos fichajes a la exigencia defensiva que les pedirá Pascual, y si serán capaces de hacer olvidar, también en defensa, a sus antecesores.
El Barça rejuvenece, y por consiguiente su potencial aumenta. Un equipo con capacidad de mejora cuyo nuevo techo lo van a marcar las nuevas incorporaciones.

jueves, 16 de agosto de 2012

Un año para triunfar


En la NBA conviven distintos conceptos de como crear un equipo ganador, de como alimentar proyectos que, más tarde que temprano, terminan dando sus frutos.
San Antonio es experto en un juego llamado Draft, del cual con muy poco es capaz de sacar mucho. 
OKC nació en el momento justo y estuvo en el lugar adecuado para aprovechar la oportunidad que Porland desperdició para construir un conjunto entorno a una estrella superlativa.
Miami juntó a dos Top 5 de la liga (LeBron y Wade) y un Top 15 (Chris Bosh) en el mejor momento de sus carreras para conseguir lo que se demoró un año; la conquista del anillo.
Boston hizo un negocio parecido años atrás con jugadores más veteranos, jugadores sedientos de títulos, ansiosos de una gloria que desconocían, una gloria en la cual acabaron bañándose.

El proyecto de los Lakers nace y, con probabilidad, puede que muera este mismo año. El quinteto formado por: Nash, Kobe, Artest, Gasol y Howard quizá no será el que inicie los partidos, pero sin duda será el que los termine. Veteranía y talento. Quizá demasiado de ambas.
Con las flamantes incorporaciones de Steve Nash y Dwight Howard la calidad de la plantilla crece mucho enteros. Eso si, tendrán que engranar esas nuevas piezas. Veremos cuanto tiempo tardan en complementarse, en convertirse en una. Es más, veremos si lo consiguen. Veremos si Nash es capaz de gobernar el timón de una embarcación tan soberbia como la angelina.
La pareja Gasol/Howard es el mejor dúo interior que Nash ha dirigido jamás, la unión de ambos en un mismo equipo permite un abanico de variantes del bloqueo y continuación que un genio como Nash sabrá interpretar. Ejecutará el pase en el momento justo; como siempre. 

Tendremos que esperar para ver si Kobe es capaz de descargar juego hacia sus talentosos compañeros, de entender que formará parte de un grupo de estrellas y que, a pesar de que él es la más brillante, la unión de las tres luces que lo acompañan lo será aún más. Debe seguir siendo el líder que es en momentos decisivos, pero deberá delegar responsabilidades cuando este ofuscado.

Tendremos que esperar para ver hasta que punto alejan a Gasol de la pintura, hasta que punto encorsetan su repertorio ofensivo, su juego en el poste. Veremos si Pau acabará encasillado en el mismo rol de especialista que Jamison o, por el contrario, Mike Brown sabrá aprovechar el descomunal talento del 7 pies español.

Por último, también tendremos que esperar a ver al musculado showman en el equipo del glamour, los flashes y... la presión. Quizá alguien como Howard, por su forma de ser, sea inmune a ese tipo de presión, quizá la repela de forma natural. Sin duda, eso es lo mejor que puede hacer.
Las comparaciones son habituales y los periodistas insisten en hacerlas inevitables, les gusta comparar épocas, equipos o jugadores. A mi entender, las variables de trasladar un jugador o equipo de antaño a nuestros tiempos, o viceversa, son demasiadas. Sacarlos de su hábitat, de su tiempo, extrapolar su talento a otra época no es justo. Debemos valorar cada jugador por lo que hace en su momento, sin proyecciones al pasado o al presente.
Así pues, lo mejor que puede hacer el despreocupado Superman angelino es apartar la vista de jugadores que no solo son más grandes que él en estatura, también en talento. No debe intentar llenar los zapatos de jugadores como George Mikan, Wilt Chamberlain, Abdul-Jabar o Shaquille O'neal. No podrá. El mejor center de la actualidad está lejos de los centers de antaño. Debe mejorar, tiene una buena oportunidad para hacerlo, pero debe resistir impermeable a las voces maliciosas que le llegarán, desatenderlas y crecer. Solo con la tranquilidad de mejorar para ti, no para otros, puede que, algún día, sea capaz de levantar la cabeza y ver que esos gigantes que le contemplaban desde la cúspide ya no están tan lejos.

Veremos si este equipo podrá conseguir, en un año, lo que no consiguió aquella fugaz unión de talento llamada Fantastic Four (Payton-Kobe-Malone-O'neal). 

El retiro de Steve Nash está cada vez más cerca y Dallas acecha a Howard. Quizá este equipo no gozará de la misma suerte que los Heat, quizá no tendrá la posibilidad de una segunda oportunidad.





El tiempo empuja.