A
la espera de mejores tiempos, los aficionados del Oracle Arena saben
como disfrutar de su equipo, de las pequeñas cosas que les da. Solo
así se puede entender el fervor con el que celebraron los tiros
libres que anotó el lanzador de piedras Andris Biedrins.
Harto de ir de web en web buscando sentimiento para encontrar estadísticas, empiezo este blog con el propósito de conseguir expresar con la palabra lo que el baloncesto significa para mi. Mi intención es hacer emerger, intentarlo al menos, la verdadera esencia del basket, sacar a relucir aquello que nos apasiona de él. La luz de las estrellas que tantas veces nos ha mantenido despiertos.
miércoles, 14 de noviembre de 2012
lunes, 12 de noviembre de 2012
La fuerza de la naturaleza
Aunque
a menudo indulgente, la naturaleza nos recuerda que no nos pertenece.
Capaz de sacar una fuerza indómita, su furia no tiene igual, y en
sus múltiples variantes, el poder que desata suele ser devastador.
Punto y seguido. Ha empezado la temporada con la misma fuerza que la terminó, empeñado en demostrar que su físico tiene un hueco en la liga más física del mundo. Su corta estatura no le está impidiendo guerrear delante de las peores bestias de este circo.
![]() |
| La naturaleza en su estado más salvaje |
Pero
más allá de estas imágenes hay un extraño fenómeno que recorre
ciudades exhibiendo su fiereza. En la liga hay una fuerza cada vez
más difícil de controlar, una fuerza cuya naturaleza es cada vez
más virulenta.
El
fenómeno ya empieza a asustar y las autoridades pertinentes intentan
aplacar esa ira desbocada. Los equipos empiezan a tenerlo en cuenta,
a preocuparse por él; temerlo. No se trata de una tormenta de
verano, no se trata de un fenómeno pasajero. Pasa el tiempo y su
efecto no hace más que aumentar.
*Antes
de que desveléis la identidad de ese “fenómeno” ¿sabríais
decirme a qué jugador me estoy refiriendo?
Punto y seguido. Ha empezado la temporada con la misma fuerza que la terminó, empeñado en demostrar que su físico tiene un hueco en la liga más física del mundo. Su corta estatura no le está impidiendo guerrear delante de las peores bestias de este circo.
Un
reboteador compulsivo que quiere demostrar a propios y extraños que
su liga es esta, que cuando salta la diferencia de centímetros se
iguala; entonces es más grande.
Pero
eso no lo aprendió en la NBA pues su fuerza, garra e intensidad
vienen de mucho antes, de una filosofía de vida.
Faried
aprendió a dar lo que otros no querían, se curtió, y ahora ofrece
lo que otros no pueden.
Ya
en su etapa universitaria, demostró que su hábitat quedaba
restringido a la pintura, espectro del juego que gobernaba con
tiranía. En Morehead State completó el ciclo universitario con
promedios de 14.8 puntos, 12.3 rebotes y 1.8 tapones realizando una
última temporada bestial en la cual lideró la nación en
dobles-dobles, igualando así a Ralph Sampson en la segunda posición
del ránking de todos los tiempos.
Aunque
el mayor hito que ostenta es el de destronar a una leyenda en activo
del baloncesto, al Dios de San Antonio: Tim Duncan.
En
el partido que le enfrentaba a Indiana State sumó 12 rebotes;
alcanzó la marca. Entonces los demás jugadores de aquel encuentro
se convirtieron en comparsa de un jugador que hizo historia superando
el récord de un histórico, y no por poco además, pues estableció
el nuevo registro en 1673 rebotes (Duncan hizo 1570).
Kenneth
Faried superó una marca que había permanecido inalterada desde
1997. Tuvo que saltar mucho y muy alto para alcanzar ese trono; batió
el récord, y lo hizo desde sus 2.03.
Así
pues su ferocidad viene de lejos, de una fuerza innata que exprime al
máximo. La inyección económica que supuso su entrada a la NBA
sirvió de desahogo a su madre, enferma del riñón. Ahora más que
nunca, recibe un aliento muy especial, el suspiro que él le dio.
Kenneth
Faried es un jugador con un enorme margen de mejora. Tiene muchos
puntos débiles y aunque los empieza a trabajar, su meta aún está
lejos. Su velocidad e intensidad le permiten interceptar muchos
balones, y en los contraataques o transiciones rápidas (en Denver
abundan) su par se queda atrás, por lo que suele acabar la jugada
con un estruendoso sonido procedente del aro. Un sonido que si se
produce cerca de las montañas rocosas, provoca un sonoro eco de la
afición.
En
estático su importancia se reduce, conoce su papel y sabe que su
momento llegará. Espera agazapado a que el balón salga repelido del
aro y cuando eso sucede, salta a por él.
Para
ser un gran reboteador no es indispensable tener una gran capacidad
atlética, ni ser muy grande. Basta con tener una buena colocación,
pelear con intensidad cada balón y tener un buen timing de salto; es
su caso.
En
la presente temporada ha mejorado sus números en la mayoría de
puntos estadísticos, sin embargo hay uno en el que debo incidir,
pues no tan solo no lo ha mejorado, sinó que lo ha empeorado
ostensiblemente. En lo que llevamos de temporada, su porcentaje de
tiros libres ha bajado dramáticamente hasta el punto de situarse por
debajo del 50% (la temporada anterior tuvo un 66.5%). Situación
similar a la que vivió en su año sophomore otra bestia de la
pintura: Blake Griffin.
Aun
le queda un gran camino por recorrer, pero su físico y su juego me
recuerda mucho a otros jugadores cortos de estatura. Jugadores que
suplían la falta de centímetros con un corazón más grande que su
cuerpo; hablo de hombres del calibre de Ben Wallace o Dennis Rodman.
El
mitad hombre mitad animal (en la universidad uno de sus apodos era
Mannimal) debe conservar esa parte animal para subsistir en la NBA,
pero si quiere crecer y ser algo más que una “simple” fuerza de
la naturaleza, deberá mejorar su parte más humana; desarrollar un
tiro decente desde la media distancia, así como un juego de pies
mejor del que posee. Si lo consigue su progresión como jugador será
espectacular.
Solo
es el principio.
martes, 6 de noviembre de 2012
La responsabilidad de un líder
A
menudo sin quererlo, nos encontramos con situaciones que cambian
nuestra vida. Momentos puntuales que no buscamos; solo llegan.
A
priori, resulta relativamente fácil identificar si el cambio es a
mejor o a peor, pero en última instancia, eso solo depende de
nosotros, de la actitud que tomemos.
Hay
opiniones divididas acerca de a quién beneficia más el cambio de
jugadores entre OKC y Houston (James Harden, Cole Aldrich, Lazard
Hayward y Daequan Cook se van a los Rockets a cambio de Kevin Martin,
Jeremy Lamb y tres elecciones del Draft del 2013). Pudiéndolo
discutir largamente, si hay algo claro es que, más allá de equipos,
quién sale más beneficiado lleva barba. Sí. James Harden.
El
tercera espada de OKC se convierte en punta de lanza.
Muchos
creían, me incluyo, que Harden era mucho más que un sexto hombre,
un jugador que tuvo la fortuna y la desgracia de coincidir en el
mismo equipo que Durant y Westbrook.
Harden
sabía que se encontraba en un equipo grande, un equipo ganador del
cuál formaba parte capital. Por ese motivo aceptó el rol de asesino
desde el banquillo sin rechistar. Sabía que en ese equipo crecería
y ganaría; algunas veces gracias a él, otras muchas gracias a sus
compañeros.
En
ese rol obtuvo un merecido reconocimiento: fue nombrado Mejor Sexto Hombre de la NBA. Pero este
traje le venía demasiado estrecho a un jugador de calidad enorme. En
OKC su techo no lo limitaba su talento, la culpa era más bien del
número de minutos y el “inconveniente” de compartirlos con
Durant y Westbrook. En Houston, este incómodo techo desaparece;
ahora se puede erguir.
Será
diferente; él lo sabe. En el primer partido que disputó como Rocket
ya demostró conocer el nuevo papel que deberá desempeñar en un
equipo excesivamente joven (media de 23 años). Los números son
clarificadores: 44 minutos de juego en los que hizo 37 puntos, 6
rebotes, 12 asistencias y 4 robos.
En
su primer partido demostró una adaptación inmediata al nuevo rol;
mucho más exigente. El mejor sexto hombre de la competición, se
convirtió en el líder que su equipo necesitará partido tras
partido. Tiró más que nunca. Prueba de ello son los registros
personales que batió contra Detroit: número de tiros de campo
intentados, y también encestados, así como el número de minutos
que estuvo en pista, destrozando su anterior récord de asistencias.
En
el siguiente partido, escaló hasta los 45 puntos (récord personal)
se mostró incisivo y muy hiriente; penetró con determinación, la
determinación de un líder.
Está siendo quién esperan que sea. En
tres partidos, Harden ya ha batido muchas de las mejores marcas
obtenidas en OKC, y las que le quedan solo son cuestión de tiempo.
Cualquier cambio conlleva sus pros y sus contras, la virtud radica en
saber anteponer los pros de la nueva situación. A esa capacidad
algunos le llaman madurar; eso conseguirá esta temporada.
En
mi humilde opinión, quién mayor rédito va a sacar de esta unión es el mismo Harden
pues crecerá como jugador y, sobre todo, como líder. En Houston,
James Harden será la estrella que no podía ser en OKC, en los
Rockets tendrá la libertad de hacer y deshacer a su antojo. En ese
aspecto se igualará a las grandes estrellas de la liga. Pero su
propósito debe ir más allá, su propósito debe ser convertirse en
una de ellas; en eso está.
James
Harden es un jugador de una calidad inaudita, una calidad que liberada
del corsé que suponía OKC, crecerá desbordando las expectativas
más optimistas. Houston lo ascenderá a las alturas, a una cota en
la cual tan solo habitan las superestrellas.
En
Houston demostrará que su techo aún no se vislumbra.
viernes, 26 de octubre de 2012
Un don nadie preparado
Hace
unos meses vi este video y me causó un gran impacto. Será que yo
soy especialmente sensible a ellas, pero el poder de sus palabras es
incuestionable. Una obra que merece la pena difundir y, sobre todo, entender.
Quiero aprovechar para agradecer públicamente el apoyo que me habéis dado algunos de vosotr@s, ya sabéis quienes sois; ¡Gracias! Espero que esta pequeña familia de noctámbulos siga creciendo; trabajaré para ello.
Ha
sido un trabajo sesudo, pero he subtitulado el video al español, así
todo el mundo de habla hispana podrá entender su mensaje.
¡Recomiendo encarecidamente su visión!
*Sinó
los tenéis activados por defecto, deberéis activar los subtítulos.
Quiero aprovechar para agradecer públicamente el apoyo que me habéis dado algunos de vosotr@s, ya sabéis quienes sois; ¡Gracias! Espero que esta pequeña familia de noctámbulos siga creciendo; trabajaré para ello.
Si
os gusta mi blog y los artículos que escribo seguidme en Twitter o
pulsad “Me gusta” en el box-face, para mí significa mucho.
Por
último, quiero animaros a dejar vuestros comentarios en los nuevos
artículos que escriba, quiero que entre todos generemos debate,
enriquecernos.
martes, 16 de octubre de 2012
Soñar despierto
Somos
diferentes. Únicos. Nuestro código genético permite esta
posibilidad. No ha habido, ni habrá, nadie como nosotros. Nadie como
yo; como tú. Sin embargo, y yendo a contranatura, la sociedad nos
empuja a ser iguales, a formar parte de un grupo, un todo que
difumina al individuo. Afortunadamente podemos escapar de esta
homogeneidad; podemos soñar. Es un derecho que ninguna ley nos podrá
prohibir, allí somos libres, nuestros sueños son nuestros, solo
nuestros, pero a veces se pueden compartir, a veces, incluso con el
mundo.
Eso
hizo Jeremy Lin: soñar. Soñó tantas veces el mismo sueño que,
después de mucho esfuerzo y tenacidad, se volvió real.
Nadie
podía esperar lo que sucedió, nadie excepto él. Lin luchó
esperando la llegada de una oportunidad como esa. Nunca lo tuvo
fácil, no obtuvo ninguna beca deportiva, ni fue drafteado, pero lo
tuvo claro. El licenciado en económicas por la Universidad de
Harvard sabía que tarde o temprano las cuentas cuadrarían. Así
sucedió.
Una
carambola del destino, una oportunidad imprevista, una ristra de
casualidades e infortunios convergieron para que el soñador taiwanés
pudiera despertar.
Mike
d'Antoni, sobrepasado por una pésima trayectoria deportiva que no
hacía más que empeorar (11 derrotas en 13 partidos), optó por
darle una oportunidad; él mismo quedo perplejo de su descubrimiento.
Una
franquicia histórica andaba perdida y sin rumbo, ni la llegada de
entrenadores y jugadores que engrandecieron los equipos de los que
procedían conseguían hinchar el balón de los Knicks. El aire nuevo
que insuflaban al llegar a la gran manzana se volvía turbio a las
pocas semanas. El exigente aficionado neoyorquino se desalentaba, y
las ilusiones depositadas en los nuevos proyectos se diluían como un
azucarillo en el café.
New
York vivía el gris presente con resignación, pero de pronto
alguien empezó a colorear el Madison. El 4 de febrero
nació un fenómeno; el mundo empezó a soñar.
¿Quién
es?... ¿De dónde ha salido?... Nadie lo conocía, pero a partir de
entonces todo el mundo lo quiso hacer: a qué hora se ha
despertado, qué ha comido, dónde ha dormido, con quién...
Había un gran interés por conocer aquel enigma salido de la nada,
creado por generación espontánea; nació un fenómeno. Jeremy Lin
superó con creces el efecto que produjo en la comunidad asiática al
fichar por Golden State, derribó la barrera racial y empezó a
ganarse la admiración global.
En
mi humilde opinión, asistimos a un fenómeno sin precedentes. Todos,
del primero al último, nos sorprendimos; y maravillamos.
Liderados
por un desconocido, los Knicks empezaron a ganar. Con un juego fácil,
sin florituras ni complicaciones. Empezó a dirigir a un equipo
huérfano de estrellas (Anthony y Stoudemire estaban fuera por
diferentes motivos). A Lin no le dieron ninguna oportunidad, se la tuvo
que ganar, y lo hizo sin miedo. No importaban los errores en el tiro
ni las pérdidas de balón. Jeremy mostró un juego agresivo y, como
no, inteligente.
Empezaron
a aparecer muescas en su revolver. Su primera víctima fue Deron
Williams, todo un All-Star al que propinó 25 puntos. Los Knicks
ganaban, y él era el responsable. Un equipo por aquel entonces muy
mermado y con escaso talento ofensivo empezó a ganar los partidos
que con sus estrellas perdían. Seguían los partidos y el fenómeno
crecía sin aturador. Nadie podía pararle. El número 1 del Draft del
2010 (John Wall) también cayó víctima del torbellino asiático.
Imparable. Ni la sombra más corpórea de Jordan logró detener el
fenómeno; en su enfrentamiento contra los Lakers, Lin metió 38
puntos, algunos de ellos bajo la defensa del mismísimo Kobe Bryant.
Un
rey de reyes que había sucumbido, como tantos otros, ante aquel
fugaz emperador.
![]() |
Nombrado
Jugador de la Semana en la Conferencia Este con unos promedios de
27,3 puntos, 8,3 asistencias y 2,0 robos.
|
Diez
días más tarde de haberse creado el fenómeno se le puso nombre.
Con empate en el marcador Lin decidió que el partido acabaría sin
demora, pues anotó sobre la bocina el triple que daba una nueva
victoria al equipo neoyorquino. Fue después de lo sucedido en el Air
Canada Center, con el fenómeno en plena expansión, donde se empezó
a acuñar el nombre de Linsanity.
Los
críticos empezaron a alabar al mismo jugador que un par de años
atrás consideraron un fichaje publicitario de Golden State; lo era.
Pero del mismo modo que también lo es ahora, la diferencia es que
ahora se cumplirá el objetivo: será rentable. No solo su entorno ha
cambiado, él tambien lo ha hecho. Necesitó cambiar para que su
mundo cambiara.
Jeremy
Lin fue listo. Adaptó su juego para sobrevivir en un hábitat que no
fue creado para un chico como él. Sabía donde quería vivir, y
adaptó su físico para poder sobrevivir a esa jungla. En una
palabra: evolución.
Su
cuerpo mutó. Se volvió más rápido y más fuerte. Su tenacidad
trajo frutos: subió casi 7kgs de músculo; saltaba 10cms más alto y
15 más lejos. Mejoró su velocidad lateral en más de un 30%,
duplicó el peso que era capaz de levantar y, por si fuera poco,
cambió su mecánica de tiro. La mejora en tal variedad de aspectos
le permitió estar preparado para cuando llegase el momento de salir
a la cancha; demostrarse que no era el mismo.
El
resultado de este crecimiento físico le ha permitido demostrar su
talento como jugador de baloncesto, pero requería de esa evolución
para poder hacerlo.
Ahora,
después de firmar con Houston un contrato de 25 millones por tres
temporadas (con posibilidad a una cuarta) Lin deberá demostrar que
su nuevo contrato no está inflado y es el que se merece. Tendrá que
volver a demostrar, a gran escala, que su fichaje no ha sido
meramente un movimiento de mercado.
Un
nuevo reto que conquistar; nada nuevo.
Etiquetas:
Houston,
Jeremy Lin,
NBA,
New York Knicks
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








