jueves, 5 de julio de 2012

Una semilla para la esperanza



La gente con la que vamos, la pareja que tenemos o la ropa que vestimos nos definen. Es relativamente sencillo conocer a una persona si sabes en qué círculo se mueve, de quién se rodea. Extrapolando esa realidad al mundo de la NBA vemos que, en su mayoría, los equipos trasmiten la misma esencia que las ciudades, la misma frecuencia.

En agosto del 2005, el huracán Katrina hizo estragos en la ciudad de New Orleans y su población, fuera por defunción o evacuación, disminuyó notablemente. Los Hornets, como no podía ser de otra forma, sintieron el brutal varapalo. Aquel desastre obligó al equipo a emigrar hacia Oklahoma. El destino es caprichoso, pues lo que para unos fue una catástrofe, para otros fue una oportunidad, ya que a raíz de aquello, Oklahoma consiguió, por compromiso de la ciudad y fidelidad de la afición, un equipo NBA. ¡Y qué equipo!

New Orleans era una ciudad pobre que, tras lo sucedido, aún lo fue más.
Con la marcha de sus dos referentes, David West y Chris Paul, la ciudad estaba huérfana de una fortuna demasiadas veces esquiva para ellos; pero algo empezó a cambiar. Primero fue la compra del equipo por Tom Benson el pasado mes de abril por una cantidad que asciendía a 338 millones de dólares. La segunda fue conseguir la primera elección del draft, y, más importante aún, de este draft.

Hay muchos nombres para explicar lo inexplicable; podemos recurrir a palabras como suerte, destino, divina providencia, azar, ¿probabilidad?... Sea cual sea, por una vez parece haber sido benevolente con la embrujada, quizás maldita, ciudad de New Orleans. Algunos dirán que es muy pronto para hablar de él, pero quien le haya visto jugar sabrá que ese jugador es especial. Anthony Davis es diferente: alguien capaz de cambiar el rumbo de un equipo, apartarlo de la deriva. Con él, New Orleans recibe un soplo de viento favorable, la fortuna que merecía.
Un jugador que ha destacado en un equipo como Kentucky, ya da buena muestra de la clase de jugador que es. Hay quien lo compara con Marcus Camby y en ciertas facetas del juego, al igual que en su físico, es parecido. Pero Davis tiene todo para ser mejor que Camby, y eso no es poco.
En el instituto no destacaba por su estatura, pues antes de alcanzar los 2.08 actuales, Anthony Davis debió aprender movimientos de alero, así como también un buen manejo de balón y una aceptable visión. Si a eso le unimos que presume de un buen porcentaje en el tiro y un rango generoso, veremos que nos encontramos delante de un jugador imponente. Todo esto, en conjunción con la altura y envergadura actuales, es lo que lo han convertido en el mayor prospecto del draft 2012. Así pues, a sus movimientos y mecánica de tiro de alero, añadió una mejora reboteadora acorde con su nueva posición y aumento de estatura, y sobre todo, una capacidad de intimidación temible. Unos brazos interminables le han convertido en el mejor taponador de la última temporada NCAA con una media de 4.7 tapones por encuentro.
Estoy convencido que de haber jugado para otra universidad, los grandes números de Anthony Davis (14.2 puntos y 10.4 rebotes), se hubieran convertido en colosales, pues en un equipo de las dimensiones de Kentucky el balón está muy codiciado y, quizá injustamente, no tuvo ni los balones ni los tiros que sí hubiera tenido en otros equipos.
Si hubiera ocupado el lugar de Jared Sullinger en Ohio o Thomas Robinson en Kansas, estoy seguro de que sus números hubieran sido mejores que los realizados en Kentucky y de que su rendimiento hubiera sido mucho mayor que el de Sullinger o Robinson.

Que su frondosa ceja no nos distraiga del tremendo jugador que ha aterrizado en New Orleans: Davis tiene un talento descomunal, y lo demostrará de inmediato. El futuro de los Hornets recae en el suyo. Su techo ni se vislumbra, es el mejor jugador de la camada del 2012, pero es que además, también es el de mayor potencial.
Solo falta que demuestre a los fans de la NBA en general, y de los Hornets en particular, lo que los seguidores de la NCAA ya sabemos.

En New Orleans tienen entre manos un diamante por pulir, pero que aún así, brillará desde ya. Si los Hornets quieren salir del pozo en el que se encuentran, deben anclarse en Anthony Davis para que los suba tan alto como sea capaz.


Llega un nuevo huracán a New Orleans, pero a diferencia del otro, este trae esperanza. Veremos si la semilla de estrella arrela bien en su devastada tierra para que el dulce fruto que con tiempo y trabajo germinará, sea saboreado por sus ciudadanos.




La esperanza tiene un nombre, y una ceja: Anthony Davis.

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