martes, 5 de junio de 2012

El elegido (LeBron James)


En el último partido contra Boston vimos, de nuevo, como las dudas se apoderaron de LeBron, que acabó pasando el balón en lugar de jugarse el tiro ganador. Pero, otra vez, superado por la presión y el temor a no cumplir las desmesuradas expectativas puestas sobre él, volvió a pasar el balón. El resultado fue el fallo de Haslem, jugador que no es la primera vez que recibe el venenoso pase de LeBron James.

El talento precoz de Akron ha crecido, pero parece arrastrar las inseguridades de su infancia. Permanece atado a ellas.


Más allá de gustos personales, nadie puede discutir el talento de LeBron. Sus números hablan por si solos: 27.6 puntos, 7.2 rebotes y 6.9 asistencias de promedio en sus 8 años como profesional.


La forma de irse de Cleveland no gustó, me incluyo, tuvo una actitud arrogante y poco considerada, pero hagamos un ejercicio de empatía: Imagina que en tu profesión eres la referencia, tienes un talento innato para lo que haces y no paran de decirte lo bueno que eres, y esto sólo es el comienzo, ¿lo tienes? Vale. Ahora visualiza, ya sé que es difícil, que al cumplir los 18 años te ofrecen un contrato de 90 millones de dólares. ¿Cómo asumirías el brutal cambio de vida que representaría? ¿Cambiarías tus amistades? ¿Te verías superior al resto?... Quizá tocado, bendecido si lo prefieres, con un don raramente concedido. Quizá te considerarías un elegido, es decir, “The Chosen One”.


Muchas veces es necesario conocer los orígenes de una persona, sus traumas y sus miedos, para comprender porque son como son, porque hacen lo que hacen.

La NBA está llena de historias trágicas, familias rotas por la droga, el alcoholismo o las bandas. Tiene que ser realmente difícil salir de esas aguas enfangadas, aislarse de ese cúmulo de errores que pequeñas esponjas ven a su alrededor, que se esfuerzan en no copiar, buscando un ejemplo de buena conducta, uno en el que puedan reflejarse para así poder crecer.


LeBron James fue un caso más, uno de esos que tanto abundan en la NBA. Su madre lo sacó adelante sola. Con 16 años y un bebe en brazos, Gloria tuvo que buscarse la vida como buenamente pudo, pues su madre (la abuela de LeBron) murió al poco de nacer su nieto.

Debido a la precariedad de su trabajo y el aislamiento con el que Gloria pretendía proteger a LeBron de la marginalidad y la delincuencia que reinaba en las calles de Akron, el pequeño no consiguió arrelar amistades. La vida nómada que tenían le dificultaba sobremanera que esa semilla, vital para cualquier niño, se formara adecuadamente.


Cuando entró al colegio empezó a utilizar el deporte como catalizador de sus emociones, frustraciones y miedos.

Allí encontró a un mentor, un espejo personal y deportivo, en el que quería parecerse. Su entrenador, Franki Walker, acordó con Gloria que el joven LeBron se mudara a su casa. En un ambiente más estable, menos nocivo, podría crecer mejor, ser parte de una familia. Una de verdad.


En esos años consiguió lo que tanto había anhelado en su niñez, el baloncesto le otorgó el primer premio, de los muchos que vendrían, pero quizá este sea el de más valor. La amistad, que aún perdura, entre LeBron, Joyce, Cotton, McGee y Frankie Jr.

Los “Fab Four” tomarón la decisión de no separarse y prometieron que seguirían jugando juntos en el instituto St. Vincent-St mary.


Sus números no paraban de subir y empezó a recibir los primeros galardones, premios de poca importancia, teniendo en cuenta los que obtendría en años venideros.

Los números que tenía por aquel entonces no distan mucho de los que tiene en la actualidad, a pesar de que ahora es defendido por algunos de los mejores jugadores del mundo. Eso demuestra que siempre ha sido un privilegiado físicamente y la referencia, no solo de su equipo, sino de la liga.


En su año junior la popularidad de LeBron alcanzó un nuevo pico. Altitudes difíciles de gestionar para un adolescente que pasó de ser invisible, de querer serlo, a recibir la atención de toda la nación.

Ese año apareció en portada de las revistas deportivas más influyentes del país: SLAM, Sports Illustrated, ESPN... Su ya de por si tremendo potencial fue explotado para vender un producto que, con el tiempo, haría millonarios a muchos. Le hicieron creer realmente que era un privilegiado, se encargaron de tapar sus defectos con colorete y de resaltar sus mejores atributos con un pintalabios de color verde. El color del dólar. A raíz de eso su popularidad creció como la espuma, hasta el punto que desbordó, y tuvieron que buscar otro pabellón más grande para satisfacer el gentío que quería ver al futuro rey.

Jugadores como Shaquille O'Neal o el mismísimo Michael Jordan hablaban de él. Incluso algunos partidos fueron televisados a nivel nacional. LeBron se encontraba en una nube que no hacia más que ascender. Una ascensión sin techo. El éxito desmedido lo convirtió en arrogante.


En su año senior llevó a su equipo a la consecución del tercer campeonato estatal, además de conseguir infinidad de reconocimientos individuales y nombramientos MVP en eventos de prestigio nacional.


Fue seleccionado por los Cleveland Cavaliers en la primera posición del draft del 2003. A partir de ahí su carrera fue meteórica y, siempre, superando las altas expectativas que soportaba en su ancha espalda, la elegida. Alcanzaba récords individuales a una velocidad de vértigo. La pregunta no era qué conseguiría, sino cuando.

Aquella misma temporada fue nombrado Rookie del Año convirtiéndose en el jugador más joven de la historia en conseguirlo, además de conseguir promediar 20 puntos, 5 rebotes y 5 asistencias por partido en su primera temporada en la liga, algo que hasta aquel entonces sólo habían conseguido Oscar Robertson y Michael Jordan.


LeBron parecía tener prisa por conseguir lo que unos pocos tardarían una década en lograr y que muchos otros otros no alcanzarían nunca.

Se convirtió en el jugador más joven en conseguir un triple-doble, en anotar 50 puntos, en alcanzar los 3500 puntos, 1000 rebotes y 1000 asistencias, ser nombrado en uno de los tres mejores quintetos de año, en promediar más de 30 puntos por noche, en ganar el MVP del All-Star...


Con tan sólo 22 años fue el estandarte de unos Cavaliers que escalaron hasta Las Finales, para acabar sucumbiendo frente los poderosos Spurs. Pero, por el camino, LeBron volvió a dejar su huella anotando los últimos 25 puntos de su equipo, en el enfrentamiento contra Detroit. Aquella actuación aún no la he podido borrar de mi mente...


En la siguiente temporada recolectó nuevos récords y la mayor distinción individual que un baloncestista puede conseguir, el MVP de la fase regular. Galardón que el año siguiente repetiría.


En la Temporada 2010-2011 llegó el esperpento, un ejercicio de narcisismo que acrecentó envidias y despertó odios. El show televisivo fue llamado “The decision” y acabó confirmando los augurios que lo situaban en South Beach, donde se encontraría con dos estrellas, y amigos, Dwayne Wade y Chris Bosh.


Quizá la forma en la que hizo oficial su fichaje por Miami no fue muy “cavalier” y él mismo reconoce que se equivocó en su proceder. Pero, aún criticando su decisión, a mi entender, recibió críticas exageradas y, porque no decirlo, inmerecidas. Pues aunque las formas fueron las peores, el fondo era entendible. El propietario del equipo, Dan Gilbert, fue el primero en alentar a la fanaticada a que quemasen camisetas de “King James”, de defenestrarlo como jugador y como persona. Incluso lo maldijo.

La hipocresía de Gilbert fue grande, pues no había sabido acompañar a LeBron de un equipo lo suficientemente competitivo, prueba de ello es el brutal hundimiento que sufrió Cleveland tras su marcha. Y es que al propietario de la franquicia, parecía utilizar mejor la crítica que la autocrítica. Tan solo supo rodear a su estrella, 2 veces MVP de la liga, con medianías y complementos, algunos de ellos muy veteranos como O'neal, Parker, Larry Hughes, Jamison... jugadores que su mejor época ya había pasado. Cabe recordar que la segunda referencia que tuvieron esos Cavaliers fue la de Mo Williams, un buen anotador. Sin más.

El año posterior los focos se dirigieron al “Big Three” de Miami, los favoritos al anillo cayeron ante unos combativos Mavericks de un colosal Dirk Nowitzki.

Una nueva decepción para el elegido, otro año sin el anhelado anillo. Un anillo que sigue inmune a su voraz precocidad.


LeBron siempre ha sido, y es, un personaje comprometido con su ciudad, Akron, y siempre se ha mostrado dispuesto a ayudar, bien sea mediante la donación de dinero para centros deportivos o organizando eventos en los cuales su presencia significa un imán para el turismo de la zona.


LeBron James no es uno de mis referentes, y con esto no quiero hacer cambiar vuestra opinión sobre él, sólo quería hacer ver que su arrogancia, chulería o prepotencia se pueden justificar, de alguna forma, con lo que ha vivido. Y es cierto que hay jugadores NBA con infancias y adolescencias aún más duras que las de LeBron, pero ninguno de estos jugadores que os vienen a la cabeza ha pasado de la minucia a la inmensidad en un lapso de tiempo tan reducido.








LeBron se convirtió en el rey de la selva, la misma que estuvo a punto de devorarle. El mismo trono que ostenta en la NBA con su tercero MVP.

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