miércoles, 20 de junio de 2012

Miami a un paso de vivir el sueño




Todos tenemos sueños y nuestro mayor sueño debe ser hacerlos realidad. En eso está LeBron James. Ayer los Heat ganaron el cuarto partido de Las Finales. El elegido nunca ha estado tan cerca, a tan solo una victoria. Cuando la consiga, entonces sí, entonces podrá sentarse en su trono y liberar su espalda del peso de una presión tan gigante como él.


Una tormenta temprana se instaló en el American Airlines Arena, de la mano de un Russell Westbrook bestial, OKC consiguió la primera gran ventaja del partido, 19-33 al final del primer cuarto. Pero el temporal duró poco. El calor blanco propinó a los Thunder un parcial de 0-13 y la ventaja quedó en nada. Fue una tormenta de verano.

En ese aspecto los Heat fueron bastante más eficaces que los Thunder, pues en el segundo partido de las Finales, y con menor diferencia de puntos al finalizar el primer cuarto (12), OKC no consiguió reducir las distancias con Miami hasta bien entrado el tramo final de partido, momento en el que los Heat supieron aguantar y ganar. Una victoria decisiva.

Quizá se deba a la juventud o a la inexperiencia de jugar en territorio virgen, de estar en el último escalón, el más difícil de subir. Sea lo que sea, OKC ha reducido considerablemente su porcentaje en los tiros de campo, incluidos los tiros libres.



En la historia de las Finales ningún equipo ha conseguido remontar un 3-1, Oklahoma lo sabía y salió dispuesto a impedir la tercera victoria de los Heat. Pero, por sorprendente que pueda parecer, Miami los superó como equipo.

Tras la desaparición de Harden, el dúo Westbrook-Durant se siente demasiado solo, huérfanos de una referencia interior (ofensiva) y con las limitaciones en ataque de Thabo Sefolosha, OKC se sustenta en ellos. Pero ellos solos no pueden aguantar los envites de un equipo liderado por dos mega-estrellas como Wade y LeBron. Si en la serie que jugó Miami contra Indiana critiqué la dependencia que tenían los Heat de sus dos estrellas, ahora debo hacer lo mismo con OKC, pues ayer, de los 98 puntos que metieron, 71 los hizo el dueto Westbrook-Durant.



En estas finales el juego de individualidades lo desarrollan los Thunder, basan su ataque en dos talentos inmensos, pero parecen no darse cuenta de que enfrente tienen a LeBron y a Wade, jugadores cuyo talento es igual o incluso superior. Pero es que además, Miami ha encontrado, por fin, la forma de involucrar a más compañeros. Ayer apareció Chalmers, pero hasta entonces estaba Shane Battier, martilleando a OKC con sus triples, o Bosh cogiendo rebotes, abriendo la zona con sus tiros o anotando en la misma con movimientos de calidad. LeBron y Wade ya no se sienten solos. No lo están.



En el cuarto partido, dos hombres jugaban por encima del resto, perseguían un sueño. Cuando jugadores de la calidad de Westbrook o LeBron entran en estado de gracia suceden actuaciones para la historia, momentos para los cuales nos quedamos despiertos hasta que amanece, sintiendo como se ilumina nuestra mirada con el brillo de su luz. Y es que hay cosas que sólo la NBA es capaz de darnos.



Ayer LeBron y Westbrook demostraron, más que nadie, el anhelo por reinar, dejar de creerse los mejores, para serlo realmente.

Rusell Westbrook (43 puntos, 7 rebotes y 5 asistencias) estaba imparable, tuvo un inicio de encuentro fulgurante, pero mantuvo el nivel de acierto durante todo el partido. En el último cuarto volvió a crecer por encima de todos, fue el pilar que permitió a los Thunder seguir con vida. En el último periodo, Westbrook anotó 17 de los 23 puntos de su equipo, tan solo contó con la ayuda de Kevin Durant, que hizo los 6 puntos restantes. Nadie más le ayudó. Nadie. Westbrook estaba solo, pero ver que su equipo lo necesitaba, sentirse la estrella a pesar de compartir equipo con Durant, le permitió crecer hasta el punto de eclipsarlo. Se convirtió en una supernova, pero acabó estallando. Se inmoló. Es cierto que se equivocó haciendo falta a Chalmers con 4 segundos de posesión y 13 de partido, pero, sin sus puntos, OKC no hubiera llegado a ese final.



Por otro lado es necesario hablar del elegido, Lebron James. El rey empieza a adquirir la categoría de Dios. Ayer, como en tantas otras veces, demostró que no sólo es capaz de anotar, sino que, aprovechándose de las ventajas que él mismo genera, puede asistir como un base. De hecho, asiste a sus compañeros con más asiduidad que algunos Point Guards de la liga, pues tiene una media de 6.9 asistencias en su carrera.

Quizá Durant lo supere en talento, pero a día de hoy, LeBron James es el jugador más completo de la NBA. Capaz de hacer de todo y, además, hacerlo a un nivel que otros sólo pueden soñar. Con 26 puntos, 9 rebotes y, sobretodo, 12 asistencias, LeBron hizo partícipes a sus compañeros de un juego más generoso, anotó y hizo anotar.

Más allá de gustos personales, es evidente que un jugador de su talento merece un anillo.



Ya lo tiene cerca, está a punto de cambiar su gris realidad, vivir lo que está harto de soñar.

A pesar de la voraz precocidad de sus logros, el anillo resiste inmune a su talento. Eso sí, jamás lo ha tenido tan cerca. Miami está a una victoria de coronarse rey de la NBA. Tan solo una histórica remontada se lo podría impedir.



En la temporada 2007-2008 eran los dos peores equipos de la liga, 4 años después están disputando las Finales. Tan o más importante que soñar es saber que otros sueñan por ti, alegrarlos con tu alegría. La ciudad de Oklahoma lleva pocos años persiguiendo el sueño de convertirse en una ciudad campeona; Miami está muy cerca de despertarla.



Dejando al margen a Wade y a Fisher, el quinto partido será, para el resto, el partido más importante de sus carreras.









Unos lucharan por convertir su sueño en realidad; otros para seguir soñando.






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